Cuando las Redes se tornan Antisociales

La larga etapa transicional que ahora conocemos como la Revolución Científica expandió la cosmovisión global hacia lugares antes impensados, o al menos, nunca articulados. Durante los siguientes siglos se cocinaron, lentamente, grandes revoluciones de carácter político e industrial en cuyo centro aún hoy vivimos. En el contexto de la biografía humana considerada en su totalidad, estos eventos -complejos y compuestos- transformaron nuestro estado de ser. Hoy es lo que es, en su virtud.

Los tiempos que corren -innegablemente gran nueva era de transición, sirven de plataforma para el surgimiento de revoluciones rápidas, posiblemente igual de complejas a las que anclan su génesis en antaño, pero que se perciben como menos desarrolladas y profundas. Como antecedente más inmediato vemos que la Revolución Digital sirvió a la historia como cimiento para lanzarnos, desde mediados del Siglo XX, a la era supermoderna. Sus vástagos en esteroides son la era de la información y de la comunicación. Estaciones que nos atañen y le dan forma y contenido a mucho del presente global.

¿Qué nos espera mañana? Solo podemos especular, pero se intuyen cambios, casi transmutaciones, que redefinirán lo que significa ser humano, y que seguramente reformularán nuestros sentidos de identidad y de consciencia. Pero mientras tanto, nos toca a nosotros vivir este ciclo-puente entre un ayer pausado y sobrio, y un mañana híper-ambicioso que querrá sin dudas superar todos los límites hasta ahora establecidos por el sentido común. Depende de nosotros, de si nuestro hoy es responsable o no, que el mañana sea una especie de utopía o distopía.

Así las cosas, pues, sin tiempo de adecuado sazonamiento ni cocción, digerimos ya la revolución más accesible y evidente: la revolución de las redes sociales (la hija de la información y la comunicación, y la nieta de la digitalización de todo). Y es que me salió casi sin querer hacer un paralelismo entre las revoluciones modernas, y la comida rápida. Se parecen un poco, ¿no? Se preparan casi sin necesidad de aviso previo, se viven a medias y se desechan en pos de la gran nueva revolución, y casi siempre, no se saborean del todo.

Entre otras cosas, la masificación de las redes sociales ha habilitado al ciudadano promedio a ser una vez más partícipe activo en la esfera de lo común, en una nueva forma de democracia directa, en la que todos somos políticos, politólogos, o expertos –entre comillas- en el examen de la cosa pública. Sin embargo, y aunque yo comparto íntegramente esa noción tan romántica -que todos somos seres políticos, también me parece que la Res Pūblica es sagrada. Aunque es cosa común, no es cosa vulgar. Y aunque es ubicua, no debe ser entendida como trivial.

Las asuntos de la cosa común requieren de amor, interés, y sobre todo, aptitud.

Information-Technology-and-Cloud-Computing-1024x870-e1422276882760
Mi identidad virtual es mi foro, y mi foro es poder.

El “Debate” Público Nacional: de moda en moda

Todo este pensamiento me surgió al ver y leer sobre el tema de moda en Guatemala en ese momento (porque así son los congresos sociales hoy, una mezcla de unos que saben, y de otros muchos que se apuntan a la moda sin saber tanto). Y era el tema de moda, que ya no lo sería en unas horas, el del salario mínimo diferenciado. De golpe, me recordé por qué pienso que somos muy fáciles para externar opinión (sí, me refiero a los muchos que no saben tanto pero ya se apuntaron al debate), pero muy “vagos” (en honor a Maldonado) para preparar nuestro cuento, nuestra versión de la realidad. Saltamos a conclusiones antes de leer el manuscrito, y condenamos antes de escuchar razón. Y, porque todos somos expertos, vale, pero, ¿será que vale?

En cierta forma, la sociedad cívica en la era de las redes sociales es menos cívica y más espontánea, o improvisada, pues, un poco a lo que toque, patrocinada por las facilidades que nos ofrecen esos social networks. Pero, que algo sea mas fácil, no necesariamente implica que sea mejor. A veces por abarcar más, en realidad hacemos menos. Sacrificamos pausa, profundidad y coherencia. Y creo que muchos (o sea, los dos que leyeron esto) estarán de acuerdo conmigo en que algunas cosas requieren un coqueteo especial, un poco de calma y dedicación. También que hay búsquedas que deben ser búsquedas lentas, aquellas que incluso exigen una dosis de frustración… frustración por todo lo que nos falta leer, aprender, saber; que queremos pero no sabemos si podremos. Y estas casi nunca salen bien, encima de todo, sin la debida pasión instintiva para comprobar ese algo que importa, con nuestros propios ojos y para filtrarlo a través de nuestras propias vivencias.

Un #hashtag pegón o una frase bonita -en sí mismos, digo- no construyen oportunidad, cambio o legado. Son útiles, pero no sé si son convenientes si no los acompañamos con algo más hondo. Como activistas y ciudadanos-creadores en las redes sociales, es nuestro deber absorber y maximizar el potencial de las revoluciones que están sobre nosotros, y utilizar la libertad que ellas otorgan con máxima responsabilidad.

Porque la era de la información lo es también de la desinformación. Ese es el riesgo que conlleva “lo fácil” y un peligro permanente, que demanda de nosotros, ciudadanos-políticos, involucrados y comprometidos, procurar que nuestras buenas intensiones sean igualadas por nuestra buena preparación. Y en una era de información rápidamente disponible, esto no es tan difícil como antes. Es viable, pues.

En definitiva, de lo que no nos quedan dudas es que el abundante presente trae consigo semillas, de muchas y novísimas “revoluciones”, revoluciones que no terminamos de entender, pero de las cuales todos somos parte de esta o aquella forma, y en las cuales las comunicaciones a través de las redes sociales son centrales. Pues, que estos fenómenos sociales complejos que nos rodean todo el tiempo nos encuentren aptos para identificar lo que de ellos es relevante, interpretarlo, y bien usarlo para desentrañar el sentido de nuestro mundo y de nosotros mismos.

Pero sin olvidar la “trampa”, como diría el sociólogo Zygmunt Bauman. Siempre muy atentos.

Yo antes que nadie, lo haré un mantra que me prometo invocar todos los días. Es un bonito reto, que no es más que otra forma de decir una oportunidad.

Primero dentro, después fuera. Hasta prontísimo.
#Historias Escondidas

¿cómo ejercer el riquísimo poder de ciudadanía que nos otorgan las redes sociales, responsablemente?
¿cómo ejercer el riquísimo poder de ciudadanía que nos otorgan las redes sociales, responsablemente?

Bobby Recinos

Prefiero “habilitador” que revolucionario. Mi vida es causa y mi causa es amor. Me ha ido fenomenalmente bien. Tengo dos pulmones felices, una mente libre, la capacidad de agradecer, y acceso a infinita belleza. ¿Qué mas se podría pedir?